Restale uno «a los mejores 18» meses por venir

Los datos de abril muestran que la economía se frenó y que el repunte de marzo pudo haber sido un veranito.


Por Roberto Pico

La economía argentina transita un sendero complejo marcado por señales contradictorias que desafían tanto el optimismo oficial como las proyecciones de inversión de las empresas.

Tras un breve respiro observado en marzo, los datos correspondientes a abril de 2026 han vuelto a situar el análisis en un terreno de cautela. Lo que parecía ser el inicio de una recuperación sostenida ha mostrado ser, en cambio, un fenómeno estacional, obligando a los analistas a replantear la duración y profundidad de la actual recesión.

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Recientemente, el ministro de Economía, Luis Caputo, pronosticó que la Argentina estaba entrando en su periodo de «mejores 18 meses«. Sin embargo, la frialdad de los datos de abril sugiere que ese reloj ya debe ser ajustado: según los indicadores actuales, a esa promesa ya se le debería restar el primer mes por falta de resultados favorables.

La sensación de alivio que se percibió en marzo tuvo una explicación técnica más que una reactivación genuina de la demanda. El tercer mes del año contó con una mayor cantidad de días hábiles en comparación con febrero de 2026 y marzo de 2025, lo que infló las estadísticas de producción y ventas.

Al normalizarse el calendario en abril, la actividad económica se frenó, confirmando que aquel repunte fue apenas un «veranito» pasajero.

Ante este panorama, tanto las familias como las empresas se encuentran en una fase de revaluación de sus presupuestos ante la falta de certezas sobre el rumbo del consumo y la producción en el corto plazo.

El rasgo distintivo del escenario actual es la fragmentación. No existe una sola realidad económica, sino una dinámica de «dos velocidades» que divide al país entre sectores extractivos en auge y sectores de consumo interno en crisis.

Por un lado, los motores vinculados a la exportación y los recursos naturales muestran números robustos:

Sin embargo, esta bonanza en la periferia de la economía no ha logrado derramar hacia el corazón de la actividad urbana. El gobierno esperaba que el dinamismo de la energía y el agro generara un efecto positivo en cascada sobre el resto de los rubros, pero los datos del Índice General de Actividad (IGA) de la consultora Ferreres ponen en duda que este fenómeno se materialice en el corto plazo.

La otra cara de la moneda es alarmante. La industria manufacturera retrocedió un 2% y el comercio cayó un 2,4% en términos interanuales.

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La crisis industrial se manifiesta con dureza en sectores específicos como la producción automotriz, que se desplomó un 17,5%, y los despachos de cemento, que bajaron un 13,1%.

Estas cifras tienen rostros concretos en el sector privado. Debido a la fuerte caída en la demanda interna, la automotriz Stellantis tomó la drástica decisión de detener la fabricación de dos modelos durante cuatro semanas en mayo, mientras que la cementera Loma Negra optó por mantener apagado su horno principal ante la falta de pedidos para la construcción.

Este comportamiento errático es definido por la consultora Equilibra como una dinámica de «serrucho«. Desde febrero de 2025, la actividad no ha logrado establecer una tendencia alcista clara, acumulando bajas mensuales en nueve de los últimos quince meses.

La sostenibilidad de cualquier proceso económico depende de la inversión y el consumo, y ambos muestran signos de agotamiento. La inversión bruta interna sufrió una caída del 11,4% interanual en abril.

En términos monetarios, esto representa un desembolso de 7.278 millones de dólares, lo que equivale apenas a un 16,8% del PBI.

El rubro más afectado dentro de la inversión fue el de maquinaria y equipo (-11,5%), con una contracción más marcada en los equipos de origen nacional (-12,6%) que en los importados (-10,7%).

Por su parte, la construcción regresó al terreno negativo con una caída del 11,2% anual, luego de haber insinuado una mejora en marzo.

En cuanto al consumo masivo, los datos de la consultora Scentia revelan una caída interanual del 3,8% en abril, profundizándose con una baja del 4,7% respecto a marzo.

El primer cuatrimestre del año ya acumula una contracción del 3,3%.

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El impacto se siente en todos los canales de venta:

La única excepción notable es el e-commerce, que registró un crecimiento explosivo del 40,4%.

Si bien el gobierno se apoya en este dato para argumentar una mutación en los hábitos de consumo, la realidad es que este segmento aún representa una porción minoritaria de las compras totales de bienes básicos y no alcanza a compensar la caída generalizada del comercio tradicional.

Por otro lado, las farmacias apenas lograron mantenerse a flote con una variación positiva marginal del 0,1%.

El diagnóstico de los analistas coincide en que la economía argentina se encuentra estancada en una meseta con variaciones negativas. Para que la tendencia de «serrucho» se transforme en una curva de crecimiento real, es imperativo que los sectores más dinámicos (energía y minería) comiencen a traccionar a la industria y al comercio.

Según los informes de la consultora de Orlando Ferreres, la clave reside en la desaceleración de la inflación. Solo una reducción drástica y sostenida de los índices de precios permitiría una recuperación del ingreso real de las familias y, consecuentemente, una mejora en la confianza del consumidor.

Sin estos factores, la economía seguirá operando a dos velocidades, con una macroeconomía que celebra récords en Vaca Muerta mientras la microeconomía de las familias y las fábricas lucha por salir del estancamiento.

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